Vigilia del Refugio
En esta pieza investigo el concepto del nido como la primera arquitectura del alma. A través de la experimentación con barros en bizcocho —desde el blanco puro hasta el marmoleado trícromo— y la calidez del fieltro y el bordado, cada elemento funciona como un habitáculo emocional diseñado para proteger la identidad.
La obra explora la dualidad entre la firmeza cerámica y la delicadeza textil, creando un refugio donde la materia se organiza para custodiar la memoria. El nido deja de ser un objeto para convertirse en un proceso: el de construir, puntada a puntada y capa a capa, un espacio de seguridad y pertenencia frente al vacío.